oxímoron

16 \16\UTC noviembre \16\UTC 2011

Muerto pero mío,  pensó mientras entraba en la sala y se sentaba frente al gran televisor.  Tras unos minutos viendo una sucesión de sombras correr por la pantalla se cortó la imagen y sobrevino un insoportable silencio. Sus colaboradores le sostenían a duras penas la mirada. Por fin, una voz distorsionada repetía con profesional claridad: ‘Geronimo E-K-I-A’. Los gritos de júbilo de militares y políticos inundaros la sala, mientras el Premio Nobel de la Paz sonreía con satisfacción.

el trago

2 \02\UTC febrero \02\UTC 2011

La bala, en la sien y la culpa, al vaso, así se lo enseñaron y así había intentado transmitir el oficio a su hijo que ahora, sin embargo, le apuntaba con una 9mm; siempre le aconsejó que trabajase con revólver, aunque tampoco en eso le había hecho gran caso. ‘Haz lo que debas’, le retó brindando al aire, pero el primer disparo hizo estallar el vaso. Cuando los cristales dejaron de tintinear, le apuntó al pecho y… click. ‘Estos nunca se encasquillan’, sacó su revólver del gabán y encañonó su propia sien, ‘hijo, ya no hay vaso’, sentenció antes de dispararse su última bala.

 

ajuste de cuentas

6 \06\UTC noviembre \06\UTC 2010

Rodolfo piensa a menudo en los acontecimientos que evitó, se pregunta si alguna de las personas que mató pudiera, por ejemplo, haber tenido un hijo que descubriese una cura contra el cáncer o si aquel lotero pudo haberle vendido un décimo millonario las navidades pasadas de no haber acabado así sus días, o si aquel taxista enganchado al juego podría haberle atropellado en rutinario accidente de moto. Saborea su tostada con aceite y jamón en su luminosa cocina sin quitar ojo del móvil donde otro encargo llegará hoy. Bebe un sorbo de café cuando, a traición, las caras de esos fantasmas le asaltan, a veces pasa, pero sabe qué hacer.  Cierra los ojos con profesionalidad y piensa en azul, azul turquesa, y en un instante está en esa playa de Venezuela que tanto le gustó y la sangre se transmuta, como por arte de magia, en agua limpia. Ha perdido el apetito, pero le quedan dos bocados escasos y sabe que dejarlos sería claudicar, ser débil, de modo que engulle el resto de su tostada todavía con la arena del Caribe en la cabeza, pero algo va mal, tose;  vuelve a toser y traga a la vez. Va notando como se congestiona y se hinchan sus ojos. Intenta sacarse con los dedos el trozo de jamón que obstruye su garganta, pero no llega y sólo consigue una arcada con sordina, apenas tiene fuerza ya para golpearse el pecho. Rodolfo siente tenuemente caer su frente derrotada contra el plato aceitoso. Instantes después, de bruces en una playa ensangrentada,  escucha el sonido de su móvil a lo lejos.

 

la búsqueda

13 \13\UTC octubre \13\UTC 2010

Algunos lloran y llaman patéticamente a su madre, (yo lo hice la primera vez), pero la mayoría aprietan los dientes y muerden la poca vida que les queda. Es rápido, una vez que te preguntan si quieres venda todo va cuesta abajo. Fui fusilado dieciséis veces por cuatro ejércitos a lo largo varias guerras, reconozco que llegó a ser adictivo, pero la soledad me hizo pasarme al otro lado. Después de otras tantas batallas y haber ejecutado al menos doscientos hombres, esta noche, entre los cadáveres, alguien vuelve a la vida, parece que por fin he encontrado un semejante.

 

 

 

reencuentro

13 \13\UTC octubre \13\UTC 2010

Algunos lloran, otros en cambio maldicen, pero la mayoría callan, albergando en secreto la certeza de que la pesadilla se desvanecerá de un momento a otro. Algunos días, como hoy, yo también lloro, es sólo una pequeña lucha, apenas unos segundos en los que llego a creer que lo lograré, que no accionaré el interruptor, que por fin el orgullo me sacará de aquí sin pensar en las consecuencias. Pero no, como se espera de mí, bajo la palanca y Joseph Felder, mi vecino y amigo de la infancia, se convulsiona absurdamente en la silla y, otra vez, vuelve ese olor.

 

 

 

frankie ‘gacela’

6 \06\UTC octubre \06\UTC 2010

Como los ángeles al caer el sol o las putas al amanecer, Frankie ‘Gacela’ Connor terminó la jornada intentando olvidarla. Se caló el sombrero, enfiló hacia el pub y, a los pocos pasos, escuchó la cantinela: ‘¡Extra! ¡Extra! Encuentran muerto al asesino de Lorenzano’, le dio unas monedas al joven vendedor y ojeó el periódico, ‘Chico, ¿dónde está la noticia?’, no hubo terminado la frase cuando, el que en adelante sería conocido como Vinny ‘Vendetta’ Lorenzano, le vació el cargador sin mediar palabra. Frankie se desplomó torpemente y, como un pescado agonizante, miró impotente cómo su sangre empapaba los ejemplares desparramados de la edición de tarde.

sonrisa de guerra

12 \12\UTC mayo \12\UTC 2010

La mujer de la foto sonreía a pesar de estar harapienta y sucia, a pesar de haber perdido a su familia en los restos del bombardeo que humean tras su espalda y a pesar de que el ejército ha tomado la ciudad y sabe lo que les hacen a las mujeres. Es probable que sólo sonría porque el autor de la fotografía es un soldado enemigo y quiera, de alguna forma, mostrarse digna, aunque, seguramente, el verdadero motivo por el que sonríe es que el fotógrafo no ha reparado todavía en que, al final de su mano cerrada, sobresale la punta oxidada de un cuchillo.

	La mujer de la foto sonreía a pesar de estar harapienta y sucia, a pesar de haber perdido a su familia en los restos del bombardeo que humean tras su espalda y a pesar de que el ejército ha tomado la ciudad y sabe lo que les hacen a las mujeres. Es probable que sólo sonría porque el  autor de la fotografía es un soldado enemigo y quiera, de alguna forma, mostrarse digna, aunque, seguramente, el verdadero motivo por el que sonríe es que el fotógrafo no ha reparado todavía en que, al final de su mano cerrada, sobresale la punta oxidada de un cuchillo.

las flechas perdidas

20 \20\UTC enero \20\UTC 2010

Además me voy a chivar a mis padres‘, amenacé a la mujer caballo. ‘Eso será si me alcanzas’, cogió mi carcaj púrpura y salió al galope. En seguida me di cuenta de que se dirigía al arcoiris gris mostaza. Herido como estaba, eché a volar y llegué justo a tiempo. Cuando iba a lanzar mis flechas al otro lado, me tiré en picado sobre ella. Siete flechas me atravesaron y caí a plomo justo en la frontera con vuestro mundo. Con su risa humana me arrancó las alas y me tiró  aquí. Ahora soy un mortal más, sin arco ni poder, y no lo sabéis.

las lópez

23 \23\UTC diciembre \23\UTC 2009

Los hombres que a mí me gustan no saben llorar, como a ti, como a tu tía, es lo que tenemos las López. Sí, son hombres buenos, pero muy estrictos, que defienden lo suyo, porque lo quieren, porque no me vas a mí a decir que tu padre no me quería, pues igual que Antonio, que no puede vivir sin la niña y sin ti. Que, por cierto, se queda conmigo hasta que salgas. Si es que qué mala suerte tienes con las puertas. Mira, me voy, que ya viene Antonio’, se acercó y me besó en la frente, con cuidado, para no tocarme la venda de la nariz.

espejo

3 \03\UTC septiembre \03\UTC 2009

No reconocí al hombre que tenía frente al espejo, no recordaba cuánto tiempo hacía que no me miraba en uno, debían haber pasado algunos meses. Tras del pelo y la barba, asomaban mis ojos, brillantes ahora por la adrenalina. Tenía que reconocerle que su método era perfecto, había perdido, por lo menos, cuarenta kilos, solamente con una dieta estricta y el ejercicio que Ella consideraba el mínimo para un hombre como yo. Reparé en que el charco de sangre que salía de su cabeza mojaba ya mis pies y decidí que era hora de liberar a los otros.

http://www.flickr.com/photos/pollobarba/ / CC BY-NC-ND 2.0


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