confusiones infusas

10 \10\UTC noviembre \10\UTC 2010

Rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas: elefantes por moscas, ratones por leones y, cuando son hombres, es todavía mejor: sustituyo gobernantes por mendigos, poetas por notarios, sacerdotes por delincuentes… sin saber lo que les espera van bajando todos hacia el envoltorio equivocado. Mientras vuelven de su peripecia, yo sigo con esta absurda tarea, generando la misma confusión de la que formo parte, metiendo un palito en la predecible rueda de la reencarnación y pregúntándome quién cambió la pulsera al que cambió la mía.

 

Rutinariamente intercambio sus pulseras identificativas: elefantes por moscas, ratones por leones y, cuando son hombres, es todavía mejor: sustituyo gobernantes por mendigos, poetas por notarios, sacerdotes por delincuentes... sin saber lo que les espera van bajando todos hacia el envoltorio equivocado. Mientras espero a que vuelvan de su peripecia, yo sigo con esta absurda tarea, generando la misma confusión de la que formo parte, metiendo un palito en la predecible rueda de la reencarnación y pregúntándome quién cambió la pulsera al que cambió la mía. 
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escritor escrito

19 \19\UTC abril \19\UTC 2010

Cada día, al salir del metro, sigo a un viajero cualquiera, a ser posible, alguien que se me parezca físicamente,  es lo mismo un oficinista que un músico ambulante, incluso puede ser un jubilado, me da igual gente con vidas prosaicas o con costumbres exóticas, me vale cualquier persona que me inspire a escribir algún micro,  como aquel tipo que, cada día, al salir metro, seguía a un viajero cualquiera.

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