tintes

8 \08\UTC febrero \08\UTC 2012

Y castiga sin postre al gigante que hace pucheros desconsolado. Después visita la celda de la bella durmiente y le inyecta una dosis más de somnífero, mientras resiste la tentación de besarla. Sigue la ronda con la madrastra, aprieta diligente las correas de su cama y la deja balbuceando incoherencias frente al espejo del techo. Bosteza con desdén y se dirige a sus aposentos con la ayuda de un candil, mientras deja atrás los lamentos de la mazmorra. Con la satisfacción de haber hecho sus tareas diarias, se queda dormido releyendo la Biblia, preguntándose otra noche por qué no habla de príncipes azules como él.

un domingo cualquiera

30 \30\UTC junio \30\UTC 2011

—¿Y ahora qué hacemos?
—Seguiremos con el plan, diremos que resucitó.

Este micro quedó finalista del II concurso del blog no me vengas con historias, este año sobre la mentira. Todo un honor porque ha habido mucho nivel, se puden ver los textos ganadores y del resto de los participantes aquí.

creacionistas

4 \04\UTC mayo \04\UTC 2011

Este gordo ocupa mucho lugar.
—¿No hay forma de hacerlo adelgazar?
—Es un dedo gordo, tiene que ser gordo.
—Entonces quitamos otro.
—¿Cómo vamos a dejar cinco?
—O seis normales o cuatro y uno gordo.
—Si con ese puede agarrar la comida nos podemos ahorrar el pico…
—Cierto, y las plumas. Bonito bípedo implume te ha quedado.
—Nada comparado con aquello de tu oso con trompa.
—¿Qué viene ahora?
—Ornitorrinco.
—Pues va a ser ornito-pico, jijiji.

confusiones infusas

10 \10\UTC noviembre \10\UTC 2010

Rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas: elefantes por moscas, ratones por leones y, cuando son hombres, es todavía mejor: sustituyo gobernantes por mendigos, poetas por notarios, sacerdotes por delincuentes… sin saber lo que les espera van bajando todos hacia el envoltorio equivocado. Mientras vuelven de su peripecia, yo sigo con esta absurda tarea, generando la misma confusión de la que formo parte, metiendo un palito en la predecible rueda de la reencarnación y pregúntándome quién cambió la pulsera al que cambió la mía.

 

Rutinariamente intercambio sus pulseras identificativas: elefantes por moscas, ratones por leones y, cuando son hombres, es todavía mejor: sustituyo gobernantes por mendigos, poetas por notarios, sacerdotes por delincuentes... sin saber lo que les espera van bajando todos hacia el envoltorio equivocado. Mientras espero a que vuelvan de su peripecia, yo sigo con esta absurda tarea, generando la misma confusión de la que formo parte, metiendo un palito en la predecible rueda de la reencarnación y pregúntándome quién cambió la pulsera al que cambió la mía. 

las flechas perdidas

20 \20\UTC enero \20\UTC 2010

Además me voy a chivar a mis padres‘, amenacé a la mujer caballo. ‘Eso será si me alcanzas’, cogió mi carcaj púrpura y salió al galope. En seguida me di cuenta de que se dirigía al arcoiris gris mostaza. Herido como estaba, eché a volar y llegué justo a tiempo. Cuando iba a lanzar mis flechas al otro lado, me tiré en picado sobre ella. Siete flechas me atravesaron y caí a plomo justo en la frontera con vuestro mundo. Con su risa humana me arrancó las alas y me tiró  aquí. Ahora soy un mortal más, sin arco ni poder, y no lo sabéis.

A %d blogueros les gusta esto: