ensayo-error

8 \08\UTC septiembre \08\UTC 2010

Papá solía morirse dos veces al día, siempre en calles principales, repletas de gente. Sin más, fingía un infarto y caía al suelo como un saco, esperaba un minuto y se levantaba como si tal cosa. Lo hacía perfecto, pero se enfadaban mucho: las señoras chillaban y los hombres le decían cosas. Nadie sabía apreciar lo que hacía papá… hasta ayer, cuando, en la muerte de la tarde, se acercó por fin una mujer que le susurró entusiasmada: ‘Estuviste magnífico, pero ahora tienes que despedirte’. Papá empezó a llorar de contento y yo aplaudí mucho. Luego les dije adiós con la mano. Ojalá fuera mamá.

Papá solía morirse dos veces al día, siempre en calles principales, repletas de gente. Sin más, fingía un infarto y caía al suelo como un saco, esperaba un minuto y se levantaba como si tal cosa. Lo hacía perfecto, pero se enfadaban mucho: las señoras chillaban y los hombres le decían cosas. Nadie sabía apreciar lo que hacía papá… hasta ayer, cuando, en la muerte de la tarde, se acercó por fin una mujer que le susurró entusiasmada: ‘Estuviste magnífico, pero ahora tienes que despedirte’. Papá empezó a llorar de contento y yo aplaudí mucho. Luego les dije adiós con la mano. Ojalá fuera mamá.

Anuncios

armario en L

3 \03\UTC diciembre \03\UTC 2009

El armario de mi abuela era especial, sólo podías entrar cuando ella te lo pedía. Era un armario empotrado, aparatentemente normal, pero cuando llegabas al extremo izquierdo continuaba por detrás de la pared de la habitación. Los trastos se adivinaban bajo la linterna de petaca, pero cuando uno quería profundizar un poco, ella te llamaba y te metía prisa para que salieras. El otro día estuvimos vaciándolo y se había estrechado, aún así, conseguí hacer la ele y situarme detrás del tabique. Mientras recogía una vieja aspiradora en la penumbra, me sorprendió un resquicio de luz  que se filtraba a través de un pequeño agujero en la pared, en aquel momento mi madre golpeó  el muro y tuve que salir.

enviado esta semana a la ventana de millás.

El armario de mi abuela era especial, sólo podías entrar cuando ella te lo pedía. Era un armario empotrado, aparatentemente normal, pero cuando llegabas al extremo izquierdo continuaba por detrás de la pared de la habitación. Los trastos se adivinaban bajo la linterna de petaca, pero cuando uno quería profundizar un poco, ella te llamaba y te metía prisa para que salieras. El otro día estuvimos vaciándolo y se había estrechado, aún así, conseguí hacer la ele y situarme detrás del tabique. Mientras recogía una vieja aspiradora en la penumbra, me sorprendió un resquicio de luz  que se filtraba a través de un pequeño agujero, en aquel momento mi madre golpeó la pared y tuve que salir.

martes y jueves a primera

25 \25\UTC noviembre \25\UTC 2009

Para que no se enteren de que me he marchado, dejo la sudadera del chándal sobre el banco, junto a la carpetilla azul del profesor y salgo del gimnasio mirando hacia abajo, dejando atrás los botes de balón y los chillidos del parqué. Con el corazón en la boca, echo el cerrojo y me siento sobre la cisterna.

Al sonar el timbre Batman acaba de ser capturado. A toda velocidad, cierro el libro, me como el último lacasito y tiro la bolsa por el váter. Antes de salir, me mojo un poco el pelo y la frente y regreso al gimnasio acalorado, pero tranquilo: seguro que Robin le rescata.

A %d blogueros les gusta esto: