wonder office

24 \24\UTC octubre \24\UTC 2012

De la rutina insípida de su oficina escapa cada mañana. Se concentra en el reflejo de su rostro frente al monitor y, unos segundos después, cae por un tobogán gris de fotocopias y servilismos, hasta que aparece, por fin, sentado a una mesa donde el Sombrerero le sirve un té y un Conejo enorme le urge para asistir a un partido de croquet con su amiga, sin embargo, como cada día, nunca llegan al encuentro, siempre la misma áspera voz de la reina de corazones le saca de allí: ‘señor director, la reunión de las cinco’.

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oxímoron

16 \16\UTC noviembre \16\UTC 2011

Muerto pero mío,  pensó mientras entraba en la sala y se sentaba frente al gran televisor.  Tras unos minutos viendo una sucesión de sombras correr por la pantalla se cortó la imagen y sobrevino un insoportable silencio. Sus colaboradores le sostenían a duras penas la mirada. Por fin, una voz distorsionada repetía con profesional claridad: ‘Geronimo E-K-I-A’. Los gritos de júbilo de militares y políticos inundaros la sala, mientras el Premio Nobel de la Paz sonreía con satisfacción.

anatomía de una bomba

10 \10\UTC marzo \10\UTC 2010

Ese tic tac que escuchamos hace rato de fondo, como las olas de un mar emponzoñado, con su carga explosiva de tedio, sus cablecitos color verde celos, revolviéndose con otros de un apagado rojo deseo… Sólo tuve que seguirlos cuando asomaban entre el montón de la ropa sucia, sobresalían de tu blusa favorita, serpenteando hasta un detonador amarillento: una nota doblada, compuesta por una cita, un te quiero, un beso y una firma más joven que la mía. Con mucho pulso, la volví a dejar en el bolsillo de la camisa. Lentamente, metí el artefacto en la lavadora y esperé hasta que la luz roja se hubo apagado.

mi último damero

19 \19\UTC noviembre \19\UTC 2009

Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina con un paño que fue blanco, lo enjuago y lo devuelvo al cubo donde se disuelve con ilusiones ya ennegrecidas, repaso momentos de otra textura, más intensos, aunque insustanciales, donde la vida se resolvería a todo color, controlar el desorden para no acabar aquí, esa era la idea. La adolescencia es invencible. El suelo de las cocinas es un damero que recorro como un caballo de ajedrez, extrañamente sé que lo echaré de menos. Mañana me sueltan a la calle, a la misma que me metió aquí, y sólo me alegro porque es lo que se espera que haga.

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