wonder office

24 \24\UTC octubre \24\UTC 2012

De la rutina insípida de su oficina escapa cada mañana. Se concentra en el reflejo de su rostro frente al monitor y, unos segundos después, cae por un tobogán gris de fotocopias y servilismos, hasta que aparece, por fin, sentado a una mesa donde el Sombrerero le sirve un té y un Conejo enorme le urge para asistir a un partido de croquet con su amiga, sin embargo, como cada día, nunca llegan al encuentro, siempre la misma áspera voz de la reina de corazones le saca de allí: ‘señor director, la reunión de las cinco’.

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tintes

8 \08\UTC febrero \08\UTC 2012

Y castiga sin postre al gigante que hace pucheros desconsolado. Después visita la celda de la bella durmiente y le inyecta una dosis más de somnífero, mientras resiste la tentación de besarla. Sigue la ronda con la madrastra, aprieta diligente las correas de su cama y la deja balbuceando incoherencias frente al espejo del techo. Bosteza con desdén y se dirige a sus aposentos con la ayuda de un candil, mientras deja atrás los lamentos de la mazmorra. Con la satisfacción de haber hecho sus tareas diarias, se queda dormido releyendo la Biblia, preguntándose otra noche por qué no habla de príncipes azules como él.

ciudad jardín

6 \06\UTC junio \06\UTC 2011

La primavera entró ese año rara, podía haber ocurrido como cualquiera de los anteriores, con el olor a polen de los primeros días de Abril o con una canción de Ruibal, pero no, fue al abrir el grifo del lavabo. Sin más, empezaron a brotar todo tipo de flores, primero margaritas, luego amapolas, peonías y cuando trataba de cerrar el grifo manaban delicadas orquídeas. Rápidamente comprobé el resto de los grifos y, cambiando colores y especies, todo era igual. Abrí las ventanas para que saliera la mareante mezcla de perfumes y, al salir al balcón, pude ver como en el resto de los edificios salían por las ventanas cascadas de flores. Los vecinos también asomados compartían la misma estupefacción con sonrisas estúpidas y risitas nerviosas. Aquello fue rápido, al caer la noche una maraña de tallos, pétalos y hojas cubría la ciudad. Unas semanas después el olor de nuestros cuerpos putrefactos era apenas perceptible sobre la fragancia de la nueva ciudad jardín.

creacionistas

4 \04\UTC mayo \04\UTC 2011

Este gordo ocupa mucho lugar.
—¿No hay forma de hacerlo adelgazar?
—Es un dedo gordo, tiene que ser gordo.
—Entonces quitamos otro.
—¿Cómo vamos a dejar cinco?
—O seis normales o cuatro y uno gordo.
—Si con ese puede agarrar la comida nos podemos ahorrar el pico…
—Cierto, y las plumas. Bonito bípedo implume te ha quedado.
—Nada comparado con aquello de tu oso con trompa.
—¿Qué viene ahora?
—Ornitorrinco.
—Pues va a ser ornito-pico, jijiji.

de sirenas

26 \26\UTC abril \26\UTC 2011

Las sirenas son criaturas mucho más comunes de lo que la gente cree, seguramente caen en el error de pensar que sólo habitan en el mar, pero, como seres fantásticos, pueden caminar a su antojo entre nosotros con unas largas piernas en las que convierten su cola a voluntad. Otras cosas, en cambio, permanecen igual, su belleza sigue siendo la misma en tierra firme, cantan diabólicamente bien y, cuando te miran, es como si la marea te arrastrara y tu única oportunidad es encontrar un madero a la deriva antes de naufragar sin remedio en su mirada. Y así van enloqueciendo uno tras otro a cuantos marineros sin barco encuentran en su camino, dejándote sin rumbo y aturdido, siguiendo su estela, hasta que un día despiertas con un gusto salado en la boca y sólo queda de ella un tenue rastro de arena blanca y, junto a la puerta, las zapatillas azules que una vez se puso una sirena al salir del mar.

image

mariela

9 \09\UTC febrero \09\UTC 2011

clara varela

esta fue mi participación en la iniciativa de Clara Varela, escríbeme una ilustración, preciosa imagen, Clara

 

Mariela era era la mujer más bella de la cordillera y, por supuesto, la más deseada. Pero a Mariela nunca le robaron el corazón, cuando conocía a alguien que le gustaba y detectaba la menor posibilidad de peligro se daba la vuelta y salía corriendo. Cuando llegaba a casa, guardaba los besos que no había dado en una bolsa de besos, son parecidas a esas que uno usa para calentarse los pies en la cama, sólo que más gruesas porque deben resistir más temperatura. Para Mariela eso era suficiente, por las noches se ponía la bolsa en el pecho y se quedaba dormida al calor de las vidas posibles junto a aquellos hombres. Pero pasaron los años y Mariela notaba que la bolsa se iba enfriando, pensó que tal vez echando un poquito de agua caliente compensaría el calor perdido, pero eso hacía que las imágenes al acostarse fueran cada vez más débiles; otro día se le ocurrió hablar con un extraño en un bar, pero al llegar a casa encontró que no había nada que meter en la bolsa; desesperada probó incluso a meterla en el microondas, pero entonces los recuerdos se hacían ya demasiado lujuriosos para su edad. Y así fueron pasando inviernos y el frío se iba apoderando de Mariela, hasta que una noche juntó el valor para hacerlo. Dejó correr el grifo de agua caliente y se metió, poco a poco, en la bañera. Estuvo un buen rato hipnotizada, observando, en la penumbra de las velas, cómo la bolsa flotaba vacilante entre sus rodillas. Lentamente, la botella navegó hasta encallarse en su barbilla. Mariela la tomó entre su pecho una última vez y aflojó muy despacio su tapón, luego cerró los ojos y derramó el contenido, hasta que no quedó nada en su interior.


semillas estériles

5 \05\UTC enero \05\UTC 2011

Una semilla en esta tierra desolada arde con mirarla, donde en otro lugar podía haber una esperanza, aquí solo hay cenizas de vida. Nuestras sombras encorvadas vagan bajo el sol de estos campos yermos. Sin mirarnos a los ojos, nos arrastramos despacio, para acallar el ruido de las cadenas, para no enloquecer. En las grietas de este suelo no puede crecer nada, y es que no hay mejor lugar para escondernos de ellos ahora que ya no necesitamos comer.

 

la búsqueda

13 \13\UTC octubre \13\UTC 2010

Algunos lloran y llaman patéticamente a su madre, (yo lo hice la primera vez), pero la mayoría aprietan los dientes y muerden la poca vida que les queda. Es rápido, una vez que te preguntan si quieres venda todo va cuesta abajo. Fui fusilado dieciséis veces por cuatro ejércitos a lo largo varias guerras, reconozco que llegó a ser adictivo, pero la soledad me hizo pasarme al otro lado. Después de otras tantas batallas y haber ejecutado al menos doscientos hombres, esta noche, entre los cadáveres, alguien vuelve a la vida, parece que por fin he encontrado un semejante.

 

 

 

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