de sirenas

26 \26\UTC abril \26\UTC 2011

Las sirenas son criaturas mucho más comunes de lo que la gente cree, seguramente caen en el error de pensar que sólo habitan en el mar, pero, como seres fantásticos, pueden caminar a su antojo entre nosotros con unas largas piernas en las que convierten su cola a voluntad. Otras cosas, en cambio, permanecen igual, su belleza sigue siendo la misma en tierra firme, cantan diabólicamente bien y, cuando te miran, es como si la marea te arrastrara y tu única oportunidad es encontrar un madero a la deriva antes de naufragar sin remedio en su mirada. Y así van enloqueciendo uno tras otro a cuantos marineros sin barco encuentran en su camino, dejándote sin rumbo y aturdido, siguiendo su estela, hasta que un día despiertas con un gusto salado en la boca y sólo queda de ella un tenue rastro de arena blanca y, junto a la puerta, las zapatillas azules que una vez se puso una sirena al salir del mar.

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mariela

9 \09\UTC febrero \09\UTC 2011

clara varela

esta fue mi participación en la iniciativa de Clara Varela, escríbeme una ilustración, preciosa imagen, Clara

 

Mariela era era la mujer más bella de la cordillera y, por supuesto, la más deseada. Pero a Mariela nunca le robaron el corazón, cuando conocía a alguien que le gustaba y detectaba la menor posibilidad de peligro se daba la vuelta y salía corriendo. Cuando llegaba a casa, guardaba los besos que no había dado en una bolsa de besos, son parecidas a esas que uno usa para calentarse los pies en la cama, sólo que más gruesas porque deben resistir más temperatura. Para Mariela eso era suficiente, por las noches se ponía la bolsa en el pecho y se quedaba dormida al calor de las vidas posibles junto a aquellos hombres. Pero pasaron los años y Mariela notaba que la bolsa se iba enfriando, pensó que tal vez echando un poquito de agua caliente compensaría el calor perdido, pero eso hacía que las imágenes al acostarse fueran cada vez más débiles; otro día se le ocurrió hablar con un extraño en un bar, pero al llegar a casa encontró que no había nada que meter en la bolsa; desesperada probó incluso a meterla en el microondas, pero entonces los recuerdos se hacían ya demasiado lujuriosos para su edad. Y así fueron pasando inviernos y el frío se iba apoderando de Mariela, hasta que una noche juntó el valor para hacerlo. Dejó correr el grifo de agua caliente y se metió, poco a poco, en la bañera. Estuvo un buen rato hipnotizada, observando, en la penumbra de las velas, cómo la bolsa flotaba vacilante entre sus rodillas. Lentamente, la botella navegó hasta encallarse en su barbilla. Mariela la tomó entre su pecho una última vez y aflojó muy despacio su tapón, luego cerró los ojos y derramó el contenido, hasta que no quedó nada en su interior.


funcionario planetario

19 \19\UTC noviembre \19\UTC 2010

Era el momento de probarlo, se había gastado un dineral en el nuevo circuito, esta vez tenía que funcionar. Llevaba un buen rato esperando en la parada del propulsómetro, empapada por la lluvia, jugándose una condensación, debía estar al caer. Ella le había plantado unos meses atrás por un ciberperiodista de sucesos, las profesiones exóticas siempre le habían atraído: criadores de trilonites mutantes, cantantes de politonos, programadores de conciencias replicantes, incluso hubo una vez un artesano informático. El ciberperiodista había pasado a la historia con los otros, pero ese atractivo funcionario planetario todavía rondaba en su memoria, le gustaba recordar la serenidad que le hizo sentir y que por supuesto apreció cuando ya era tarde. El vagón soltó una bocanada de vapor y se abrieron las puertas, allí estaba, impecable, con esa mirada entre interesante y a medio enfocar. Se puso frente a él y ¡click! activó el nuevo dispositivo, algo ocurrió: giró su cuello articulado hacia ella y entornó los ojos, haciendo un segundo escáner, ella contuvo su aliento vacío, pero no pasó nada y el funcionario interplanetario siguió su camino despreocupado. Desactivó el circuito y notó que su sistema de emulación dejaba caer una lágrima, pequeña y perfecta, al tiempo que supo que seguía archivada en su carpeta de olvidados.

he tirado de fondo de armario y he rescatado un micro de hace tiempo porque creo que en las dos semanas que vienen no habrá posts y es que es muy sacrificado irse de vacaciones a ¡Japón!!!!

corazón frío rebozado

9 \09\UTC junio \09\UTC 2010

La carne rebozada fría no vale nada, murmuró ella. Corazón frío rebozado pensé. Ella tampoco comía. El olor a cuero de sus maletas junto a la puerta se mezclaba con la fritanga que planeaba en mi minúsculo estudio. Por primera vez en mucho tiempo nos pusimos de acuerdo en algo y dejamos la comida en el plato. Después de no comer recogí la mesa y ella entró al baño. Luego se fue. Un año después nos encontramos en la calle, pensé que me diría algo de los trozos de carne que puse aquel día en su bolso, pero simplemente se hizo la loca y aceleró el paso.

La carne rebozada fría no vale nada, murmuró ella. Corazón frío rebozado pensé. Ella tampoco comía. El olor a cuero de sus maletas junto a la puerta se mezclaba con la fritanga que planeaba en mi minúsculo estudio. Por primera vez en mucho tiempo nos pusimos de acuerdo en algo y dejamos la comida en el plato. Después de no comer recogí la mesa y ella entró al baño. Luego se fue. Un año después nos encontramos en la calle, pensé que me diría algo de los trozos de carne que puse aquel día en su bolso, pero simplemente se hizo la loca y aceleró el paso.

anatomía de una bomba

10 \10\UTC marzo \10\UTC 2010

Ese tic tac que escuchamos hace rato de fondo, como las olas de un mar emponzoñado, con su carga explosiva de tedio, sus cablecitos color verde celos, revolviéndose con otros de un apagado rojo deseo… Sólo tuve que seguirlos cuando asomaban entre el montón de la ropa sucia, sobresalían de tu blusa favorita, serpenteando hasta un detonador amarillento: una nota doblada, compuesta por una cita, un te quiero, un beso y una firma más joven que la mía. Con mucho pulso, la volví a dejar en el bolsillo de la camisa. Lentamente, metí el artefacto en la lavadora y esperé hasta que la luz roja se hubo apagado.

las lópez

23 \23\UTC diciembre \23\UTC 2009

Los hombres que a mí me gustan no saben llorar, como a ti, como a tu tía, es lo que tenemos las López. Sí, son hombres buenos, pero muy estrictos, que defienden lo suyo, porque lo quieren, porque no me vas a mí a decir que tu padre no me quería, pues igual que Antonio, que no puede vivir sin la niña y sin ti. Que, por cierto, se queda conmigo hasta que salgas. Si es que qué mala suerte tienes con las puertas. Mira, me voy, que ya viene Antonio’, se acercó y me besó en la frente, con cuidado, para no tocarme la venda de la nariz.

verde albahaca

17 \17\UTC diciembre \17\UTC 2009

—¡Bicho gafoso de mierda! ¡Mala sangre! ¡Malaje! ¡Mala vida te den!
—Si ni siquiera me has dejado hablar —protesté mientras la seguía.
—No escucho a los payos.
—Pero, ¿tú sabes cómo son tus ojos?
—Verde albahaca —contestó sin mirarme—. Dime algo que no sepa.
—Si lo hago, ¿me darás un beso?
—Prueba.
—¿A que no sabes que, al llorar, las lágrimas salpican los cristales de la gafas?
Se detuvo y me apuntó con sus ojos:
—Lo que tú no entiendes, niño, es que los hombres que a mí me gustan no saben llorar.

este micro ganó la final semanal. se puede escuchar aquí.

contrariedad

9 \09\UTC diciembre \09\UTC 2009

Ni subido a una escalera conseguiría besarte. Y es que sigo sin entender por qué has tenido que volver a convertirme en rana.

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