el trago

2 \02\UTC febrero \02\UTC 2011

La bala, en la sien y la culpa, al vaso, así se lo enseñaron y así había intentado transmitir el oficio a su hijo que ahora, sin embargo, le apuntaba con una 9mm; siempre le aconsejó que trabajase con revólver, aunque tampoco en eso le había hecho gran caso. ‘Haz lo que debas’, le retó brindando al aire, pero el primer disparo hizo estallar el vaso. Cuando los cristales dejaron de tintinear, le apuntó al pecho y… click. ‘Estos nunca se encasquillan’, sacó su revólver del gabán y encañonó su propia sien, ‘hijo, ya no hay vaso’, sentenció antes de dispararse su última bala.

 

reencuentro

13 \13\UTC octubre \13\UTC 2010

Algunos lloran, otros en cambio maldicen, pero la mayoría callan, albergando en secreto la certeza de que la pesadilla se desvanecerá de un momento a otro. Algunos días, como hoy, yo también lloro, es sólo una pequeña lucha, apenas unos segundos en los que llego a creer que lo lograré, que no accionaré el interruptor, que por fin el orgullo me sacará de aquí sin pensar en las consecuencias. Pero no, como se espera de mí, bajo la palanca y Joseph Felder, mi vecino y amigo de la infancia, se convulsiona absurdamente en la silla y, otra vez, vuelve ese olor.

 

 

 

domingo de fútbol

17 \17\UTC febrero \17\UTC 2010

Por cierto, ¿hoy es domingo? —pensó en voz alta desde el quicio de la puerta.
—¿Te refieres a los domingos buenos o a los otros? —preguntó sin levantar la vista de las agujas de punto.
—No, a los domingos en que hay fútbol —respondió bajando la vista.
—Ah, esos en los que te llevabas al chico al estadio —siguió con el soniquete de la mecedora.
—No —apretó los dientes—, a los otros.
—¿A los de después de que dejaras ir al chico a la guerra? —el traqueteo retumbaba en la habitación.
—Esos —contestó fracasando en el intento de contener una solitaria lágrima.

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