oxímoron

16 \16\UTC noviembre \16\UTC 2011

Muerto pero mío,  pensó mientras entraba en la sala y se sentaba frente al gran televisor.  Tras unos minutos viendo una sucesión de sombras correr por la pantalla se cortó la imagen y sobrevino un insoportable silencio. Sus colaboradores le sostenían a duras penas la mirada. Por fin, una voz distorsionada repetía con profesional claridad: ‘Geronimo E-K-I-A’. Los gritos de júbilo de militares y políticos inundaros la sala, mientras el Premio Nobel de la Paz sonreía con satisfacción.

el trago

2 \02\UTC febrero \02\UTC 2011

La bala, en la sien y la culpa, al vaso, así se lo enseñaron y así había intentado transmitir el oficio a su hijo que ahora, sin embargo, le apuntaba con una 9mm; siempre le aconsejó que trabajase con revólver, aunque tampoco en eso le había hecho gran caso. ‘Haz lo que debas’, le retó brindando al aire, pero el primer disparo hizo estallar el vaso. Cuando los cristales dejaron de tintinear, le apuntó al pecho y… click. ‘Estos nunca se encasquillan’, sacó su revólver del gabán y encañonó su propia sien, ‘hijo, ya no hay vaso’, sentenció antes de dispararse su última bala.

 

reencuentro

26 \26\UTC enero \26\UTC 2011

Cuando era pequeño mi padre me hizo una maqueta de su propio juzgado. La sala tenía todos los detalles y se adaptaba sin problemas a mis muñecos.
Casi siempre dictaba sentencia Superman, la mayoría de las veces contra Batman, que era defendido invariablemente por el Capitán América. El fiscal más convincente, sin duda, fue Hulk. Las condenas, de miles de años, nunca eran bien acatadas por el acusado, de modo que, al final, el juez tenía que bajar a la arena para hacer cumplir la ley. Todo esto viene a mi cabeza mientras repaso el informe de la policía sobre la próxima vista, un hombre disfrazado de Batman asaltó ayer una sucursal bancaria. Dejo la carpetilla sobre el escritorio y termino de vestirme, es casi la hora y no puedo evitar sonreírme mientras me meto la capa roja por dentro del pantalón.

había olvidad este micro, cuando el otro día llegó en el correo el libro del concurso de micros sobre abogados, donde este aparecía como finalista.

el caso de la mujer bala

19 \19\UTC enero \19\UTC 2011

Todo el mundo sabía que era una mujer bala, de esas que entran en tu vida a bocajarro y, cuando te quieres dar cuenta, estás tendido en un charco de imágenes, tal vez por eso la invité a cenar cuando resolví su caso; los del seguro hicieron muchas preguntas sobre cómo encontré el cuerpo de su marido, pero acabaron pagando. Se presentó con un vestido negro, a lo Gilda, y tras una botella de vino, su marido había pasado a la historia por segunda vez. Cuando llegamos a su casa, ya ni siquiera quería saber por qué lo hizo, sin pensarlo, me quité el chaleco antibalas y la besé.

 

aceitunas con pan y besos

22 \22\UTC diciembre \22\UTC 2010

Más tarde, con el tiempo, plantaremos un árbol donde lo enterraste, un olivo ¿qué te parece un olivo?, rechoncho y fuerte, y, en verano, aceitunas con pan y besos, como cuando nos conocimos, y un perro grande, para que siempre aciertes al acariciarle bajo la silla, seremos una pareja más de jubilados disfrutando del Mediterráneo y todo se habrá olvidado, ya verás. A este lado poco más, los chicos te mandan mucho ánimo y ¡ah!, lo olvidaba, el vigilante del banco ha vuelto a caminar. La semana que viene te llevaré una camisa y muda nueva.

 

Ya de vuelta de Japón, sniff, sniff, intentando volver a la rutina, eso incluye visitar los blogs del personal e intentar escribir algo decente…

Más tarde, con el tiempo, plantaremos un árbol donde lo enterraste, un olivo ¿qué te parece un olivo?, rechoncho y fuerte, y, en verano, aceitunas con pan y besos, como cuando nos conocimos, y un perro grande, para que siempre aciertes al acariciarle bajo la silla, seremos una pareja más de jubilados disfrutando del Mediterráneo y todo se habrá olvidado, ya verás. A este lado poco más, los chicos te mandan mucho ánimo y ¡ah!, lo olvidaba, el vigilante del banco ha vuelto a caminar. La semana que viene te llevaré una camisa y muda nueva.
Más tarde, con el tiempo, plantaremos un árbol donde lo enterraste, un olivo ¿qué te parece un olivo?, rechoncho y fuerte, y, en verano, aceitunas con pan y besos, como cuando nos conocimos, y un perro grande, para que siempre aciertes al acariciarle bajo la silla, seremos una pareja más de jubilados disfrutando del Mediterráneo y todo se habrá olvidado, ya verás. A este lado poco más, los chicos te mandan mucho ánimo y ¡ah!, lo olvidaba, el vigilante del banco ha vuelto a caminar. La semana que viene te llevaré una camisa y muda nueva.
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