tintes

8 \08\UTC febrero \08\UTC 2012

Y castiga sin postre al gigante que hace pucheros desconsolado. Después visita la celda de la bella durmiente y le inyecta una dosis más de somnífero, mientras resiste la tentación de besarla. Sigue la ronda con la madrastra, aprieta diligente las correas de su cama y la deja balbuceando incoherencias frente al espejo del techo. Bosteza con desdén y se dirige a sus aposentos con la ayuda de un candil, mientras deja atrás los lamentos de la mazmorra. Con la satisfacción de haber hecho sus tareas diarias, se queda dormido releyendo la Biblia, preguntándose otra noche por qué no habla de príncipes azules como él.

creacionistas

4 \04\UTC mayo \04\UTC 2011

Este gordo ocupa mucho lugar.
—¿No hay forma de hacerlo adelgazar?
—Es un dedo gordo, tiene que ser gordo.
—Entonces quitamos otro.
—¿Cómo vamos a dejar cinco?
—O seis normales o cuatro y uno gordo.
—Si con ese puede agarrar la comida nos podemos ahorrar el pico…
—Cierto, y las plumas. Bonito bípedo implume te ha quedado.
—Nada comparado con aquello de tu oso con trompa.
—¿Qué viene ahora?
—Ornitorrinco.
—Pues va a ser ornito-pico, jijiji.

de sirenas

26 \26\UTC abril \26\UTC 2011

Las sirenas son criaturas mucho más comunes de lo que la gente cree, seguramente caen en el error de pensar que sólo habitan en el mar, pero, como seres fantásticos, pueden caminar a su antojo entre nosotros con unas largas piernas en las que convierten su cola a voluntad. Otras cosas, en cambio, permanecen igual, su belleza sigue siendo la misma en tierra firme, cantan diabólicamente bien y, cuando te miran, es como si la marea te arrastrara y tu única oportunidad es encontrar un madero a la deriva antes de naufragar sin remedio en su mirada. Y así van enloqueciendo uno tras otro a cuantos marineros sin barco encuentran en su camino, dejándote sin rumbo y aturdido, siguiendo su estela, hasta que un día despiertas con un gusto salado en la boca y sólo queda de ella un tenue rastro de arena blanca y, junto a la puerta, las zapatillas azules que una vez se puso una sirena al salir del mar.

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