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Con esa exactitud tan característica de la ciencia, y que tanto le gustaba, arrancó su exposición con antecedentes históricos, efectos fisiológicos, diferentes perspectivas… para terminar con su punto de vista. Aunque había anochecido, ninguno de los dos habíamos encendido la luz del laboratorio y el reflejo de los osciloscopios nos acogía con una inesperada intimidad. ‘Y eso es para mí el amor, ¿qué es para ti?’ me preguntó bajando un poco la mirada. La atraje hacia a mí, tirando suavemente de la bata, le quité las gafas y, al fin, nos besamos. En ese instante, el ordenador emitió un pitido y sonreímos: el experimento había sido un éxito.
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