wonder office

24 \24\UTC octubre \24\UTC 2012

De la rutina insípida de su oficina escapa cada mañana. Se concentra en el reflejo de su rostro frente al monitor y, unos segundos después, cae por un tobogán gris de fotocopias y servilismos, hasta que aparece, por fin, sentado a una mesa donde el Sombrerero le sirve un té y un Conejo enorme le urge para asistir a un partido de croquet con su amiga, sin embargo, como cada día, nunca llegan al encuentro, siempre la misma áspera voz de la reina de corazones le saca de allí: ‘señor director, la reunión de las cinco’.

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demografía asistida

11 \11\UTC octubre \11\UTC 2012

Con esa exactitud tan característica de la ciencia, fue trazando líneas rojas en el mapa de una población remota. Así, uno a uno, iba marcando los barrios que, conforme a su programación neuronal, debían desaparecer aquella noche para permitir, al resto de la población orgánica, un disfrute de los recursos similar al que hubo antes del problema. Al terminar, entregó el plano al Departamento de Mortalidad y salió del Centro de Control Demográfico rumbo a su casa en el distrito mixto que, aunque él lo ignoraba, había sido marcado en rojo por otro androide de una ciudad lejana.

experimento

11 \11\UTC octubre \11\UTC 2012

Con esa exactitud tan característica de la ciencia, y que tanto le gustaba, arrancó su exposición con antecedentes históricos, efectos fisiológicos, diferentes perspectivas… para terminar con su punto de vista. Aunque había anochecido, ninguno de los dos habíamos encendido la luz del laboratorio y el reflejo de los osciloscopios nos acogía con una inesperada intimidad. ‘Y eso es para mí el amor, ¿qué es para ti?’ me preguntó bajando un poco la mirada. La atraje hacia a mí, tirando suavemente de la bata, le quité las gafas y, al fin, nos besamos. En ese instante, el ordenador emitió un pitido y sonreímos: el experimento había sido un éxito.

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