tintes
08/02/2012
Y castiga sin postre al gigante que hace pucheros desconsolado. Después visita la celda de la bella durmiente y le inyecta una dosis más de somnífero, mientras resiste la tentación de besarla. Sigue la ronda con la madrastra, aprieta diligente las correas de su cama y la deja balbuceando incoherencias frente al espejo del techo. Bosteza con desdén y se dirige a sus aposentos con la ayuda de un candil, mientras deja atrás los lamentos de la mazmorra. Con la satisfacción de haber hecho sus tareas diarias, se queda dormido releyendo la Biblia, preguntándose otra noche por qué no habla de príncipes azules como él.

13/02/2012 de 14:20
Tus alucinantes puntos de vista.
Me gusta mucho.
Un abrazo,
P
15/02/2012 de 11:45
muchas gracias! un abrazo fuerte y nos vemos el sábado!
13/02/2012 de 20:29
Menos mal que los príncipes azules no existen… Porque este se las trae… Me ha gustado mucho.
15/02/2012 de 11:46
son bastante anacrónicos, tantos los príncipes como los príncipes azules… nos vemos el sábado!