oxímoron

16 \16\UTC noviembre \16\UTC 2011

Muerto pero mío,  pensó mientras entraba en la sala y se sentaba frente al gran televisor.  Tras unos minutos viendo una sucesión de sombras correr por la pantalla se cortó la imagen y sobrevino un insoportable silencio. Sus colaboradores le sostenían a duras penas la mirada. Por fin, una voz distorsionada repetía con profesional claridad: ‘Geronimo E-K-I-A’. Los gritos de júbilo de militares y políticos inundaros la sala, mientras el Premio Nobel de la Paz sonreía con satisfacción.

la prima juana

2 \02\UTC noviembre \02\UTC 2011

Como tantas veces había hecho de niño, me escondí en el armario de la abuela. El funeral de la prima Juana nos había refrescado muchos recuerdos, muchos secretos que guardar o, más bien, el secreto; los primos y yo llevábamos años temiendo ese día. Escuché al tío Andrés cerrar el portón por fuera y la casa quedó en silencio. Un momento después, un inconfundible aroma a lavanda inundó el armario y, entonces sí, empezó a sonar la misma cantinela que tiempo atrás nos heló la sangre: ‘un, dos, tres, a las tinieblas jugaréis, cuatro, cinco, seis, de Juana no escaparéis’.

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