funcionario planetario

19 \19\UTC noviembre \19\UTC 2010

Era el momento de probarlo, se había gastado un dineral en el nuevo circuito, esta vez tenía que funcionar. Llevaba un buen rato esperando en la parada del propulsómetro, empapada por la lluvia, jugándose una condensación, debía estar al caer. Ella le había plantado unos meses atrás por un ciberperiodista de sucesos, las profesiones exóticas siempre le habían atraído: criadores de trilonites mutantes, cantantes de politonos, programadores de conciencias replicantes, incluso hubo una vez un artesano informático. El ciberperiodista había pasado a la historia con los otros, pero ese atractivo funcionario planetario todavía rondaba en su memoria, le gustaba recordar la serenidad que le hizo sentir y que por supuesto apreció cuando ya era tarde. El vagón soltó una bocanada de vapor y se abrieron las puertas, allí estaba, impecable, con esa mirada entre interesante y a medio enfocar. Se puso frente a él y ¡click! activó el nuevo dispositivo, algo ocurrió: giró su cuello articulado hacia ella y entornó los ojos, haciendo un segundo escáner, ella contuvo su aliento vacío, pero no pasó nada y el funcionario interplanetario siguió su camino despreocupado. Desactivó el circuito y notó que su sistema de emulación dejaba caer una lágrima, pequeña y perfecta, al tiempo que supo que seguía archivada en su carpeta de olvidados.

he tirado de fondo de armario y he rescatado un micro de hace tiempo porque creo que en las dos semanas que vienen no habrá posts y es que es muy sacrificado irse de vacaciones a ¡Japón!!!!

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confusiones infusas

10 \10\UTC noviembre \10\UTC 2010

Rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas: elefantes por moscas, ratones por leones y, cuando son hombres, es todavía mejor: sustituyo gobernantes por mendigos, poetas por notarios, sacerdotes por delincuentes… sin saber lo que les espera van bajando todos hacia el envoltorio equivocado. Mientras vuelven de su peripecia, yo sigo con esta absurda tarea, generando la misma confusión de la que formo parte, metiendo un palito en la predecible rueda de la reencarnación y pregúntándome quién cambió la pulsera al que cambió la mía.

 

Rutinariamente intercambio sus pulseras identificativas: elefantes por moscas, ratones por leones y, cuando son hombres, es todavía mejor: sustituyo gobernantes por mendigos, poetas por notarios, sacerdotes por delincuentes... sin saber lo que les espera van bajando todos hacia el envoltorio equivocado. Mientras espero a que vuelvan de su peripecia, yo sigo con esta absurda tarea, generando la misma confusión de la que formo parte, metiendo un palito en la predecible rueda de la reencarnación y pregúntándome quién cambió la pulsera al que cambió la mía. 

escríbele una ilustración

9 \09\UTC noviembre \09\UTC 2010

Vi a través la web de no me vengas con historias esta iniciativa de Clara Varela que consiste, como el título del post propone, en ponerle letra a una de sus magníficas ilustraciones. Puede participar cualquiera, yo en particular  lo hago por tener la sensación ilusoria de tener un texto ilustrado, cuando realmente será justo al revés, pero habiendo visto alguna de sus ilustraciones sé que merecerá la pena intentarlo.

 

ajuste de cuentas

6 \06\UTC noviembre \06\UTC 2010

Rodolfo piensa a menudo en los acontecimientos que evitó, se pregunta si alguna de las personas que mató pudiera, por ejemplo, haber tenido un hijo que descubriese una cura contra el cáncer o si aquel lotero pudo haberle vendido un décimo millonario las navidades pasadas de no haber acabado así sus días, o si aquel taxista enganchado al juego podría haberle atropellado en rutinario accidente de moto. Saborea su tostada con aceite y jamón en su luminosa cocina sin quitar ojo del móvil donde otro encargo llegará hoy. Bebe un sorbo de café cuando, a traición, las caras de esos fantasmas le asaltan, a veces pasa, pero sabe qué hacer.  Cierra los ojos con profesionalidad y piensa en azul, azul turquesa, y en un instante está en esa playa de Venezuela que tanto le gustó y la sangre se transmuta, como por arte de magia, en agua limpia. Ha perdido el apetito, pero le quedan dos bocados escasos y sabe que dejarlos sería claudicar, ser débil, de modo que engulle el resto de su tostada todavía con la arena del Caribe en la cabeza, pero algo va mal, tose;  vuelve a toser y traga a la vez. Va notando como se congestiona y se hinchan sus ojos. Intenta sacarse con los dedos el trozo de jamón que obstruye su garganta, pero no llega y sólo consigue una arcada con sordina, apenas tiene fuerza ya para golpearse el pecho. Rodolfo siente tenuemente caer su frente derrotada contra el plato aceitoso. Instantes después, de bruces en una playa ensangrentada,  escucha el sonido de su móvil a lo lejos.

 

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