un día de trabajo

16 \16\UTC junio \16\UTC 2010

Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros. Aparco la polvorienta furgoneta en la plaza y voy montando el puesto mientras siento las miradas a través de los visillos, así hasta que estoy listo. ‘Me enorgullezco de presentaros Barbitol, un producto extraordinario de concha de caracol andino y wasabi rojo, cura lo que curaron los hospitales, reuma, asma, artritis y tumores de todo tipo. Amigos, la ciencia ha renacido’. Cuando había liquidado la mitad de los botes una mujer me preguntó si podía pagarme en euros, siempre hay alguno que lo intenta, le contesté, como a todos, que hacía tiempo que ya sólo aceptaba oro.

secreto de ibérico

9 \09\UTC junio \09\UTC 2010

La carne rebozada fría no vale nada. Come — le urgió Arts.
—Está deliciosa y la guarnición de bellotas exquisita —se rindió Gurst— ¿Qué parte es?
—Secreto, secreto de ibérico. Era un animal magnífico, fuerte, esbelto, nos dio mucha pena matarlo, tenía una mirada tan dulce…
—Dulce sí que está. Échame un poco más —pidió Gurst—. Entonces, ¿cómo va el negocio?
—Nos los quitan de las manos, mandamos un camión al matadero cada semana —confesó Arts triunfante.
—Te dije que montar una granja de humanos ibéricos era un negocio redondo —gruñó Gurst— ¿Puedo repetir?

corazón frío rebozado

9 \09\UTC junio \09\UTC 2010

La carne rebozada fría no vale nada, murmuró ella. Corazón frío rebozado pensé. Ella tampoco comía. El olor a cuero de sus maletas junto a la puerta se mezclaba con la fritanga que planeaba en mi minúsculo estudio. Por primera vez en mucho tiempo nos pusimos de acuerdo en algo y dejamos la comida en el plato. Después de no comer recogí la mesa y ella entró al baño. Luego se fue. Un año después nos encontramos en la calle, pensé que me diría algo de los trozos de carne que puse aquel día en su bolso, pero simplemente se hizo la loca y aceleró el paso.

La carne rebozada fría no vale nada, murmuró ella. Corazón frío rebozado pensé. Ella tampoco comía. El olor a cuero de sus maletas junto a la puerta se mezclaba con la fritanga que planeaba en mi minúsculo estudio. Por primera vez en mucho tiempo nos pusimos de acuerdo en algo y dejamos la comida en el plato. Después de no comer recogí la mesa y ella entró al baño. Luego se fue. Un año después nos encontramos en la calle, pensé que me diría algo de los trozos de carne que puse aquel día en su bolso, pero simplemente se hizo la loca y aceleró el paso.
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