leopoldo y su minialeph

14 \14\UTC abril \14\UTC 2010

Dando vueltas a algo trivial como eran dos perros fornicando en el parque, tiró de un hilo que quedó suelto y pensó en el zoon politikon, de ahí llegó al animal que fuimos, quedando encerrado en una mismidad simiesca y, allí, como si fuera un aleph enano y particular vio su personal universo, más modesto y menos colorido que el de un aleph grande. En él vio, entre otras muchas cosas, el móvil de planetas que hubo colgado en su cuna, los pezones agrietados de su madre, una infancia severa de internado militar y una adolescencia suelta y turbia como una borrachera de pastis. Vio a su primera novia que fue su primera mujer, ambas con ese halo de irrealidad que, ya se sabe, dan lo alephs. Consiguió avanzar en su visión insonora hasta graduarse en leyes, admirando su buena e impostada planta: será un político importante, leyó en los labios de su padre sobre el oído de su abuelo; no pudo evitar sonreir. Creyó que nunca iba a salir de allí, seguramente por eso se sintió incómodo, sentado en el banco del parque, cuando aquel hombre le tendió un maletín burdeos con su comisión en billetes verdes. Intentó pensar otra vez en los perros, pero en se momento su pequeño aleph ya se había extinguido para siempre.


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2 comentarios to “leopoldo y su minialeph”

  1. Virginia Says:

    Muy a la orden del día, esto de las comisiones :)

  2. santamaría Says:

    y lo que queda…


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