el adiestrador de hombres

28 \28\UTC abril \28\UTC 2010

Cuando Ricardo tortura a un tipo no piensa en nada, sólo trabaja. Por la noche, normalmente se tumba junto a su mujer y duerme con esa agradable sensación que deja el cansancio físico. Hoy, sin embargo, le cuesta más. Durante un interrogatorio, el diente de un detenido se le clavó en el puño y traspasó el guante de latex, al parecer, el prisionero tiene una grave enfermedad infecciosa. Mañana le dan el resultado de la prueba. Ya en la cama, ella le nota inquieto y se ha dado la vuelta. Ha empezado a deslizar su mano bajo la goma del pantalón. Él se hace el dormido. Cuando ella vuelve a su lado, Ricardo mira la luz de las farolas que se cuela por las rendijas de la persiana. Se pregunta si ella seguirá creyendo que adiestra perros cuando le diga que le han contagiado el sida.

escritor escrito

19 \19\UTC abril \19\UTC 2010

Cada día, al salir del metro, sigo a un viajero cualquiera, a ser posible, alguien que se me parezca físicamente,  es lo mismo un oficinista que un músico ambulante, incluso puede ser un jubilado, me da igual gente con vidas prosaicas o con costumbres exóticas, me vale cualquier persona que me inspire a escribir algún micro,  como aquel tipo que, cada día, al salir metro, seguía a un viajero cualquiera.

leopoldo y su minialeph

14 \14\UTC abril \14\UTC 2010

Dando vueltas a algo trivial como eran dos perros fornicando en el parque, tiró de un hilo que quedó suelto y pensó en el zoon politikon, de ahí llegó al animal que fuimos, quedando encerrado en una mismidad simiesca y, allí, como si fuera un aleph enano y particular vio su personal universo, más modesto y menos colorido que el de un aleph grande. En él vio, entre otras muchas cosas, el móvil de planetas que hubo colgado en su cuna, los pezones agrietados de su madre, una infancia severa de internado militar y una adolescencia suelta y turbia como una borrachera de pastis. Vio a su primera novia que fue su primera mujer, ambas con ese halo de irrealidad que, ya se sabe, dan lo alephs. Consiguió avanzar en su visión insonora hasta graduarse en leyes, admirando su buena e impostada planta: será un político importante, leyó en los labios de su padre sobre el oído de su abuelo; no pudo evitar sonreir. Creyó que nunca iba a salir de allí, seguramente por eso se sintió incómodo, sentado en el banco del parque, cuando aquel hombre le tendió un maletín burdeos con su comisión en billetes verdes. Intentó pensar otra vez en los perros, pero en se momento su pequeño aleph ya se había extinguido para siempre.


el legado de búho gris

14 \14\UTC abril \14\UTC 2010

Mañana va a llover‘, anunció solemne antes volver a su tienda. Sudaba y respiraba con dificultad. Nubes como la espuma del arroyo, el amanecer rojo como la arcilla, el viento cálido viniendo de las praderas… No había duda, eran las señales que Búho Gris le había enseñado, ¿y ahora qué? Buscaba entre las cosas que éste le dejó algún amuleto secreto, alguna pluma que no conociera, pero fue inútil. Había sido un gran maestro, le honraba y le echaba de menos, pero jamás le perdonaría haberse ido al mundo de los espíritus sin haberle enseñado cómo hacer llover.

ausencia

7 \07\UTC abril \07\UTC 2010

Seguimos sin hablarnos. No es que no nos demos los buenos días, o que no comentemos el telediario. No, no es eso, no se trata de un silencio rotundo, es más bien sutil y discriminado, es un silencio amurmullado, como de agua subterranea, que vamos dando forma con los huecos de las palabras que no decimos. De todas ellas, la que evitamos siempre es su nombre, ni siquiera hablamos de personas que se llamen igual, de algún modo debemos pensar que, si ya no nacerá, tampoco lo puede hacer su sonido.

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