insomnio ii

30 \30\UTC septiembre \30\UTC 2009

Parece amor, pero es alergia‘, eso me dijeron mis padres el invierno pasado, cuando les dije que me gustaba Eugenia, la Pecas, menudo chasco. El caso es que no me debieron de creer y esta primavera me hicieron las pruebas, yo les dije que no hacía falta, que no me gustaba ninguna, que, si no, me iba a poner fatal, pero no me hicieron ni caso y me pincharon con todas esas agujas. Hoy nos dieron los resultados y, claro, yo estaba tan tranquilo, pero ¡menuda sorpresa! No me puedo dormir, llevo toda la noche pensando quién será esa Gramínea.

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insomnio

25 \25\UTC septiembre \25\UTC 2009

Creen que es alergia, pero es amor, dentro de poco estaré con tu abuelo’. Fue lo que me dijo mi abuela el invierno pasado, al día siguiente se fue al cielo.
Esta primavera me hicieron las pruebas, yo les dije que no hacía falta, que no me gustaba ninguna de clase, pero no me hicieron caso y me pincharon con todas esas agujas. Hoy nos dieron los resultados y, claro, yo estaba tan tranquilo, pero ¡menuda sorpresa! Ahora no me puedo dormir, llevo toda la noche pensando quién puede ser esa Gramínea, igual es de quinto o… yo no quiero ir al cielo.

corbata

17 \17\UTC septiembre \17\UTC 2009

Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata me intrigaba, pero lo que de verdad me traía loco era por qué no me podía mover. Era como en los otros mareos, pero peor, era raro. Menos mal que llegó aquel señor y dijo lo del ataúd. Tardé un poco en entenderlo, pero es que no había otra: estoy muerto. ¡Mira!, han cerrado la tapa, ya me deben llevar para la iglesia. Supongo que me habré muerto de aquello que tenía que hacerme las pruebas el doctor, ¿cómo era? Captaplejia… no, catalejia… tampoco… ¡catalepsia! eso es.

espejo

3 \03\UTC septiembre \03\UTC 2009

No reconocí al hombre que tenía frente al espejo, no recordaba cuánto tiempo hacía que no me miraba en uno, debían haber pasado algunos meses. Tras del pelo y la barba, asomaban mis ojos, brillantes ahora por la adrenalina. Tenía que reconocerle que su método era perfecto, había perdido, por lo menos, cuarenta kilos, solamente con una dieta estricta y el ejercicio que Ella consideraba el mínimo para un hombre como yo. Reparé en que el charco de sangre que salía de su cabeza mojaba ya mis pies y decidí que era hora de liberar a los otros.

http://www.flickr.com/photos/pollobarba/ / CC BY-NC-ND 2.0


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