oxímoron
16 de noviembre de 2011
Muerto pero mío, pensó mientras entraba en la sala y se sentaba frente al gran televisor. Tras unos minutos viendo una sucesión de sombras correr por la pantalla se cortó la imagen y sobrevino un insoportable silencio. Sus colaboradores le sostenían a duras penas la mirada. Por fin, una voz distorsionada repetía con profesional claridad: ‘Geronimo E-K-I-A’. Los gritos de júbilo de militares y políticos inundaros la sala, mientras el Premio Nobel de la Paz sonreía con satisfacción.

http://www.flickr.com/photos/defenceimages/6195652748/
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4 de diciembre de 2011 a las 13:15
Y más o menos así debió ser.
16 de diciembre de 2011 a las 13:55
Sí, mejor no planteárselo mucho, que se endemonia uno